Nos encontramos en medio del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, o Zinemaldi, como lo conocemos por aquí y aprovechando tanto glamour exponemos una serie de reflexiones. En primer lugar, que podemos beneficiarnos de este magno evento acudiendo a visionar una serie de films, que bien podrían pasarnos desapercibidos el resto de nuestras vidas. El cine, tratado como si el espectador fuera inteligente, tiene un contenido muy aprovechable y, por lo tanto, comestible, digerible y generador de posos de conocimiento. En las diferentes secciones podemos encontrar largometrajes que nos acerquen, a aquellos que no tengamos la disponibilidad de viajar lo suficiente, a lugares recónditos, vidas luchadoras y almas con necesidad de una mano. Estamos hablando, sí, de cine con contenido social, eufemismo de cine realista en vertiente trágica. Nos muestra la pobreza en sus mil desniveles y territorios, la existencia de más realidades que las nuestras y, por supuesto, de la que nos muestra normalmente Hollywood. Así, en la sección oficial, nos topamos con Albert Nobbs, que nos cuenta una historia de pobreza de igualdad de género, con una Glenn Close en papel de luchadora a favor de una subversión de este mal endémico de la sociedad, que condena a tantas mujeres en el mundo. Siguiendo con la lucha de las mujeres, escogemos de la sección conocida como “Zabaltegi” el film Et maintenant on va où?, donde se nos narra la locura de una guerra libanesa funesta y una irracional afrenta constante por motivos religiosos. Sin salir de esta sección, nos acercamos a Tralas luces, trasladándonos bien cerquita a la lucha por el vivir día a día de una familia de feriantes. Por supuesto, otra sección para no perderse en la de “Horizontes Latinos”, con títulos como Todos tus muertos, Miss bala, o Girimunho.
Es una oportunidad para no perderse, una ocasión de ver algo en una pantalla que merezca la pena, ya que encender la televisión sin poder ver un informativo que merezca credibilidad hace que zapeemos y nos encontremos con emisiones tan esperpénticas como las que nos bombardean cadenas supuestamente progresistas. Estamos hablando de esos programas que, con una falta de tacto y sutileza evidentísimos, nos muestran casas enormes con ocho habitaciones, dos jardines, jacuzzi y piscina, o lo bien que viven en otro país los profesores de español, o, o, o, ¡ohhhhhh! Porque es para horrorizarse.
Entonces cambiamos al deporte para banalizar un poco nuestro ocio sin hacernos daño. Aparece un futbolista niñato que nos deja helados con la siguiente perla que sale de su boca: “Creo que la gente me pita porque soy rico, guapo y juego muy bien”. Y se escuda ante tal actitud amparándose en una sinceridad visceral. Y es en ese momento cuando creemos que Napoleón estaba equivocado cuando dijo (si es que de verdad lo dijo) que el método más seguro de permanecer pobre es, sin duda, ser una persona franca. Apaguemos la tele y vayamos al Zinemaldi.
59 Festival de San Sebastián - Donostia Zinemaldia
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